Cierto día de letargo
me senté junto a tu oscuridad,
parecíamos cómplices del vacío
sedientos de ventanas,
hambrientos de causalidad.
Vimos restos de sombras perdidas,
atadas a espirales errantes,
susurrando vidas
en sus contornos danzantes.
Vagaban adormecidas,
arrastrando cadenas
nómadas del momento
de batallas perdidas.
Si pudiera
mirar desde tus ojos,
adentrarme desde la rendija
que asoman tus ventanas cristalinas,
sin permiso,
furtiva,
desde el fuego
que quema dentro,
bajo el boceto
de tu lienzo
que se acuarela..
y atrapar tu pena,
y vaciarla de desgastadas piedras
meciéndola en mis brazos
para dormirla en su tiniebla,
sanando tu herida
desde mi herida...










